9.3.12

DANI FRÍAS Y LA ERETA



Hay lujos gastronómicos que te llegan en un plato o en una copa pero, aunque la parte más importante de la gastronomía es lo que se come y lo que se bebe, hay otros lujos que hacen que algo se convierta en una experiencia gastronómica. En el caso de La Ereta hay bastantes elementos interesantes, pero el que llama la atención de entrada, el que está presente desde el momento en el que entras por la puerta hasta que te marchas, es la ubicación del restaurante. Ésta, junto con la personalidad de Dani Frías, hacen del restaurante lo que es hoy.

Porque si algo es La Ereta es un restaurante asomado al Mediterráneo. Y no solo de una manera literal, encaramado como está al cerro de Santa Bárbara y con las que seguramente sean las mejores vistas de Alicante, sino porque por el plato van pasando pulpos, quisquillas, erizos y toda una serie de técnicas y de maneras de entender la cocina netamente mediterráneas que Dani reinterpreta.

Así que las vistas, increibles. Mi primera visita fue nocturna, hace un par de años. La de esta vez fue un mediodía  de invierno. La sala acristalada se asoma sobre Alicante. La terraza, con solo tres mesas, vuela sobre ella. Sitios así tiene que haber muy pocos en España. Aunque esas vistas que apabullan desde la llegada no son más que el marco.

Comimos allí el día en el que La Ereta estrenaba nuevo concepto: mesas sin mantel, retirada de la carta, solo dos menús a elegir. Dani nos propuso su menú más largo (3 snacks, 3 aperitivos,  4 entrantes, pescado, arroz, carne y 4 postres. 62€+IVA)

Pero no quiero hacer una crónica de una comida punto por punto, planto a plato. No fui a La Ereta a eso y, además, cada vez me aburre más ese enfoque (salvo en casos muy puntuales). Creo que las comidas son experiencias y engloban los platos, el ambiente, la charla, el clima o hasta el sentido del humor, así que lo que vale para mi no necesariamente vale para otros.


En cualquier caso, me gustó ese arranque de la comida con una serie de snacks y aperitivos servidos en batería, una propuesta más desenfadada, como de tapeo, muy acorde con la estética de la nueva Ereta. crujientes de kikos y de parmesano, canutillos de pericana, merlucitos (merluza rebozada con tinta). De aquí destaco el sashimi de emperador con espuma de cítricos y, muy especialmente, una sabrosísima espuma de ajo y tocino ibérico con gambitas fritas.


Sabroso plato de mar el mejillón, crema de erizos aire de perejil y con el contrapunto crujiente del polvo de pan negro. Eso de saborear el mar asomándose a él desde la terraza de La Ereta es un auténtico lujo.


El bombón de quisquillas (un tartar) con pan de cristal e infusión de sus cabezas, que se sirve de una cafetera, vuelve sobre lo mismo: sabores yodados, texturas suaves acompañadas por un Vin de Comtat, fresco y con un punto de acidez, el Verdeval 2010.


Me levanto entre plato y plato a hacer fotos. Hay una luz cegadora y salen casi todas sobreexpuestas a pesar de que estamos en el último día de febrero. Llegan las mollejitas con alcachofas, huevo y láminas de trufa y, tras ellas, un interesante mar y montaña: manitas, sepia, infusión de tubérculos de invierno y setas. Las manitas, melosas, contrastan con el punto crujiente de una sepia a la llama.


Llego a los principales ya sin demasiado apetito. Curioso juego de agridulces en el arroz con pulpo, alioli de membrillo y láminas de hinojo maceradas en vinagre, un plato un tanto barroco, especialmente al lado del siguiente, mucho más sobrio, una presa ibérica -estupenda de punto- con calçot y patata.El Beryna 2008, un vino de Alicante que nos proponen, 80% Monastrell y 20% de Syrah y Tempranillo, acompaña estupendamente.


Y de nuevo llega el aire informal a la mesa en los postres, que se traen todos a la vez a la mesa: el kojak juega con los recuerdos de infancia; el mojito es una idea inspirada en otro combinado para comer , el gintonic de Subijana. El corte de turrón y pasta sablé es de lo que más me gusta entre los dulces, aunque el yogur de pipas de calabaza (a Dani le gusta jugar también con las presentaciones: tarros de yogur, latas de conservas...) se queda muy cerca. Acabamos con "la tarta del cole", aunque a esas alturas esta versión de la tarta de galleta y chocolate me pilla con la defensa un poco baja.


Larga charla de sobremesa con Dani. Hablamos de su restaurante, de cómo se plantea esta temporada, pero también de cocina alicantina -de la actual y de la de siempre-, de la Alicante y cómo se entiende en esa ciudad la cocina. Va atardeciendo.



Acabamos la tarde al pie del faro de Santa Pola, con la isla de Tabarca a un paso. Ese es el recuerdo que me queda de ese día: una comida, unas vistas increibles, una charla y un paseo por la costa. No es un mal recuerdo.


2 comentarios:

Claudia Hernández dijo...

La vista es espectacular y los platos se ven de lujo, ahora, aparte de ahorrar, no entiendo el concepto "sin mantel", sobre todo cuando se sirven platos tan fabulosos como estos.
Saludos

Cuina Cinc dijo...

me gusta las fotos finales del paisaje que acompañan tus post,