12.4.12

BAR CERVINO

Cuando viajo por España me gusta ir a los grandes restaurantes, ya sean clásicos o de alta cocina. No siempre puedo, por tiempo, por dinero, por organización del viaje o por cualquier otro motivo. Pero junto a esa vertiente gastronómica está otra a la que me resulta más fácil no tener que renunciar y que es la relacionada con las casas de comida o las tapas tradicionales algo que, ya sea por tiempo, por cuestiones económicas o por gestión de reservas, necesita mucha menos organización previa.



Y es algo que me resulta, además, especialmente interesante porque suele exigir un trabajo de documentación -en libros, en blogs, a través de conocidos- previo que suele llevar a encontrarse con sorpresas agradables con cierta frecuencia y que además, por lo general, está asociado con el conocimiento de productos, mercados, etc. Todos los que somos aficionados a la gastronomía sabríamos a dónde ir a comer si queremos visitar un gran restaurante en Arriondas, en Bocairent, en Getaria, en Poio o en Aranjuez pero ¿Sabemos qué se toma habitualmente en las casas de comidas de esas zonas? ¿Qué productos locales son los reyes de la oferta de tapas?

Me he encontrado con auténticos descubrimientos (para mi, ya que quien me llevó o me los recomendó los conocía perfectamente) en esa línea en lugares como Valdebimbre (León), Altea (Alicante), San Sebastián, A Coruña o Medina Sidonia (Cádiz). Y recientemente dimos con uno de los que más me han gustado gracias a la recomendación de un conocido de la ciudad. Éste llevó a un amigo común, al que le gustó tanto que llevó a otro amigo común, al que le gustó tanto que repitió con nosotros. Está claro que la cosa venía bien avalada.

En el barrio de La Almozara (C/Ainzón, 18) de Zaragoza, lejos del centro turístico de la ciudad aunque bien situado respecto a la estación del AVE, está el Bar Cervino. Es, ni más ni menos, lo que la ubicación y su aspecto exterior te hacen pensar: un bar de barrio. Pero es un bar de barrio con una sorprendente barra de tapas en la que, además, se apuesta por el producto autóctono y por las tradiciones locales. Es un lugar de propuestas culinarias recias y seguramente no sería la opción para todos los días, dada la contundencia de la mayoría de lo que cocinan, pero vale la pena acercarse de vez en cuando si se tiene la posibilidad.

La oferta es sencilla: mucho ternasco, mucha plancha y mucho derivado del cerdo. Hay alguna cosa más, por supuesto, y también algún plato algo más barroco que personalmente me interesa menos. De todos modos, creo que las cosas que probamos en nuestras dos visitas dan una buena idea de la linea de cocina que se practica aquí.

Flan de manitas de cerdo deshuesadas y foie: meloso y contundente, acercándose ya a esa vertiente más recargada de la carta.

Hamburguesa de ternasco: muy buena

Oreja al estilo Cervino: una oreja de cerdo frita y con un toque que no desvelan. El resultado es una oreja crujientísima al exterior, con el interior meloso, el cartílago todavía resistente. Fantástica.



Madejas: se trata de un ovillo de intestino de cordero que se forma alrededor de una porción del estómago (o de tocino) del animal, se corta en rodajas y se pasa por la plancha. Sabor potente a entrañas. Sabroso, pero para tomar con moderación.



Trompitas: así le llaman allí (no sé si es una denominación tradicional o la usan ellos para diferenciarlas de los anteriores) a unas madejas de intestinos de cordero lechal. Se sirven enteras y son más suaves que las anteriores.



Bocadillo de ternasco: son una de las especialidades de la casa y tienen cuatro o cinco variedades diferentes. Querría haber probado el de ternasco con alioli, pero el que nos sirvieron era de ternasco, tomate untado en el pan y tortilla francesa. Una bomba, pero muy sabrosos (aunque creo que me habría gustado más sin la tortilla).




Me quedé sin probar, por ahora, los callos de bacalao con morcilla que nos comentaba un amigo y alguna que otra cosa más que se anuncia en las pizarrras tras el mostrador.

Da gusto encontrarse sitios así, que no juegan a ser lo que no son, que ofrecen buen producto, sencillo y de manera honesta. El propietario del Cervino es, además, atento y te ayuda a decidirte por una cosa o por otra. Tres o cuatro tapas (abundantes) compartidas y un par de cervezas rondan los 11-13€ por persona.

En cualquier ciudad de España puedo tomar una tapa de carrilleras al vino tinto, unos calamares fritos o un foie a la plancha con compota de frutas. Pero hay cosas que uno solo puede tomar en Aragón o en Zaragoza, y que cada vez son más difíciles de encontrar fuera de los bares de barrio. Esas son las que me interesan. Y esas son las que encuentro en el Cervino.

3 comentarios:

Zaragozano dijo...

Gracias por el comentario, muy interesante. Pero, si no eres de aquí, no se sabe que se habla de Zaragoza hasta el final del texto. Una referencia antes no estaría mal.

Zaragozano dijo...

Soy zaragozano que ha vivido muchos años en Galicia y que le sigo desde hace tiempo. Gracias por su entrada pero si no eres de aquí, no se sabe que se está hablando de un bar de Zaragoza hasta el final del texto. Una referencia antes a la ciudad no estaría mal. Gracias.

Anónimo dijo...

También te sigo con interés hace ya un par de años...
tanto como para encontrar una referencia a mi pueblo, eso si se escribe Valdevimbre en vez de Valdebimbre.
Por cierto, en que bodega comisteis?.

Pásadlo bien por Lisboa...algo bastante fácil.
Imagino que ireis a piñón, pero si teneis hueco os recomiendo el restaurante "Assinatura". De lo que conozco (viví en Portugal más de 10 años) me parece el sitio donde mejor consiguen aunar una cocina contemporanea con base en productos / recetas portuguesas.